2.5.09

Ellos dicen sobre 'el libro" (parte 2)


“Libro: es una forma de estar viendo la vida de otra persona y de poder conocer lugares nuevos, también una forma de entretenimiento”.
Andrés Meraz, 2º C

“Libro: es un maestro que sobre su blanco cuerpo posee el conocimiento escrito, por ahora este maestro cierra sus páginas.
También puede ser un amigo o un enemigo, tiene la capacidad de ser lo que tu quieras y los puedes interpretar según tu perspectiva del mundo”.
Silvia E. Castallanos, 2º C

“Es un medio por el que entras a otro lugar y momento. Te involucras en el texto dependiendo de qué tanto te identifiques con la historia, puedes entener lo que pasa en la mente del autor y en su vida”.
Alida Arreola, 2º C

“Libro: Para mí es entrar en otro mundo y escapar de la realidad, entrar en un personaje, involucrarte en la historia, y sentirte acompañado por el autor o por el personaje principal.
También estimula a la imaginación, a creer en seres fantásticos, y en muchas ocasiones ayuda a ver la realidad de otra manera, y a tomar más importancia a las cosas simples”.
Karla Y. Lira, 2º C


“Escrito en tinta negra tus jornadas y relatos de tu amada, cuentos fascinantes en historias entrelazadas. Cruzando el umbral ardiente, yace tu esencia dorada. 1.2.3.”
Raúl I. Mendoza, 2º C

“Para mí el libro es como la gente, hasta que no la conoces, no puedes saber si te cae bien o mal y qué te gusta de ella”.
Daniel E. Ayala, 2º C

“(El libro) es una manera de olvidar el mundo y experimentar diversas sensaciones, algunas apegadas a la realidad, otras con un tema fantasioso, pero con un mismo propósito, entretener al lector”.
Héctor A. Hernández, 2º C

“(El libro) es un conjunto de ideas que el escritor redacta sus sentimientos, emociones y el poder transmitírselas al lector a través del texto”.
Andrés Muñoz, 2º C


“Para mí el libro es como la mejor pastilla para dormir, no, no es cierto. En el buen sentido, me refiero a que después de leer se siente gran satisfacción, tranquilidad y relajación. También leer un libro te hace sentir diversas emociones, ya sean de horror, felicidad, tristeza, apatía, etcétera. Aunque en algunos casos te ayuda a aclarar muchas dudas. También lo veo como una forma de entretenerse y pasarla cool, ajuaaa!!”.
Jocelyn M. Gómez, 2º C

“Los libros son un medio por el cual la persona se puede apartar de la realidad, entrar a mundos fantásticos donde cada libro es un mundo totalmente diferente que te hace vivir una gran experiencia y provocarte sentimientos diversos”.
J. Gerardo Mercado, 5º C

“Es el pase a un mundo nuevo, es un medio de transporte, es la forma de escapar del mundo real, es la forma de matar el tiempo, dándole sabor a cada minuto de la vida, querer vivir por siempre en él”.
Yara B. Macías 2º C



Un libro es el inicio de todo, el que te transporta a otro lugar o a vivir tu misma experiencia, distinta en cada una con diferentes emociones, sueños e ilusiones.
El libro fascinante más que el sol
más que la luna, más que el amor
más que mar, más que un lindo color
por que un libro es toda una ilusión”.
Jessica E. Zaragoza, 2º C

“(El libro) es una historia, un cuento, un relato que se puede escribir en una serie de páginas en las que se desenvuelve el escritor sobre el tema que sea de su interés y transmite su mensaje a los lectores que desean enriquecer sus sentimientos o cultura”.
Mary C. Aldana, 2º C

26.4.09

Ellos dicen sobre 'el libro' (parte 1)



La semana pasada, a propósito del Día Mundial del Libro, surgieron diversas opiniones dentro de los talleres en la prepa 13. Aquí las ideas de quienes participan en la sesión de los lunes.

“Para mí un libro es un escape de la realidad”.
Marlenne González, 2º B

“Para mí un libro es la fantasía que te gustaría vivir”.
V. Paola Romero, 2º B

“Un libro hace que cualquier hecho, por insignificante o irreal que sea, se concentre en tu cabeza y nunca se te puede olvidar”.
Lilia Mancilla, 2º B




“Un libro puede ser las cosas que pueden pasar en la vida o ya sea fantasioso”.
Esmeralda Vela, 3º B

“Es un relato sobre cosas reales o de fantasía”.
Andrea López, 3º B



“El libro puede ser un cuento, un relato, una fantasía. El libro los puede relatar sobre hechos. El libro los puede contar para que nunca pueda salir de tu cabeza”.
Monserrat Domínguez, 3º B




“Que haga aprender un poco más sobre las lecturas y querer leer, porque a veces dicen que es aburrido, pero con poco tiempo que le dediques te va a gustar”.
Omar Hernández




“El libro, en él podemos encontrar o plasmar varias cosas como narrativa o cosas fantásticas, sucesos que ocurren en esta vida”.
Isalia Cadena

“Para mí un libro es algo para distraerte, pero también se me hace como para las personas que no tienen nada que hacer”.
Miguel A. Medina

19.4.09

Darse el tiempo...

3
El derecho a no terminar un libro*

Hay treinta y seis mil motivos para abandonar una novela antes del final: la sensación de ya leída, una historia que no nos engancha, nuestra desaprobación total a las tesis del autor, un estilo que nos pone lo pelos de punta, o por el contrario, una ausencia de escritura que no es compensada por ninguna razón de seguir adelante… Inútil enumerar las 35,995 restantes, entre las cuales hay que colocar sin embargo la caries dental, las presecuciones de nuestro jefe de oficina o un seismo amoroso que petrifica nuestra cabeza.
¿El libro se nos cae de las manos?
Que se caiga.
Al fin y al cabo no todo el mundo puede ser Montesquieu para ofrecerse por encargo al consuelo de una hora de lectura.
Sin embargo, entre todas las razones que tenemos para abandonar una lectura, hay una que merece cierta reflexión: el vago sentimiento de una derrota. He abierto, he leído, y no he tardado en sentirme sumergido por algo que notaba más fuerte que yo. He concentrado mis neuronas, me he peleado con el texto, pero imposible, por más que tenga la sensación de que lo que está escrito allí merece ser leído, no entiendo nada —o tan poco que es igual a nada—, noto una «extrañeza» que me resulta impenetrable.
Lo dejo estar.


Marilyn y 'Ulises" de James Joyce (abajo).


O, mejor dicho, lo dejo a un lado. Lo coloco en mi biblioteca con la vaga intención de insistir algún día. El Petesburgo de Andrei Biely, Joyce y su Ulises, Bajo el volcán de Malcm Lowry, me han esperado durante años. Hay otros que me siguen esperando, algunos de los cuales probablemente no recuperaré jamás. No es un drama, así es la vida. La noción de «madurez» es algo extraño en materia de lectura. Hasta una determinada edad, no tenemos edad para determinadas lecturas, de acuerdo. Pero, contrariamente a las buenas botellas, los buenos libros no envejecen. Nos aguardan en nuestros estantes y somos nosotros quienes envejecemos. Cuando nos creemos suficientemente «maduros» para leerlos, los abordamos de nuevo. Entonces, una de dos: o se produce el encuentro, o es un nuevo fiasco. Es posible que lo intentemos una vez más, quizá no. pero está claro que no es culpa de Thomas Mann que yo no haya podido, hasta ahora, alcanzar la cumbre de su Montaña mágica.
La gran novela que se nos resiste no es necesariamente más difícil que otra…, existe entre ella —por grande que sea— y nosotros —por aptos para «entenderla» que nos estimemos— una reacción química que no funciona. Un buen día simpatizamos con la obra de Borges que hasta entonces nos mantenía a distancia, pero pertenecemos toda nuestra vida aislados de la de Musil…

Jorge Luis Borges (abajo).



Entonces tenemos dos opciones: o pensar que es culpa nuestra, que nos falta una casilla, que albergamos una parte irreductible de estupidez, o hurgar del lado de la noción muy controvertida de gusto e intentar establecer el mapa de los nuestros.
Es prudente recomendar a nuestros hijos esta segunda solución.
Y más aún cuando puede ofrecer un placer excepcional: releer entendiendo al fin por qué no nos gusta. Y otro placer excepcional: escuchar sin emoción al pedante de turno berrearnos al oído:
—Pero ¿cóooomo es posible que no le guste Stendhaaaaaal?
Es posible.


Bibliografía:

PENNAC, Daniel, Como una novela, Anagrama Colección Argumentos, España, 11ª ed., 2006, 152-154 pp.

* La reproducción es usada para fines didácticos y su contenido es propiedad de su autor.

14.4.09

Luvina.com paso a paso

Para los que se preguntaban cómo entrar a la página de Luvina en internet, aquí les pongo un paso a paso con imágenes para que esta vez no se pierdan.
Ahí podrán encontrar los textos de la revista que hemos leído así como escritos de otros compañeros de diferentes prepas de UdeG que, como ustedes, participan en los talleres de Luvina Joven.
Cualquier duda, ya saben, por este medio o en el taller.

1. Ingresa a www.luvina.com.mx
En la portada podrás ver el número más reciente de la revista y varias ligas a otras secciones en la web como Textos, Luvinaria, Luvina Joven, Hemeroteca y más.


2. Da click en la portada.
Para ver la edición de Letras al Aire da click en la portada que está a la izquierda. Accederás al formato PDF. Si dan click en Textos, verás el indice de contenidos.



3. Textos en Foros.
Dando click en cada una de las ligas que aparecen en el índice anterior, podrás acceder a los textos en el apartado de Foros.



4. Consulta la Hemeroteca.
Si en la portada de la página das click en Hemeroteca, entrarás al archivo digital de la revista.


Por ejemplo, ahí, al dar click en el número de El Pulso de la Ira, accederás al formato PDF.


5. Tu espacio: Luvina Joven.
Ahí podrás disfrutar de los textos de otros compañeros que también forman parte de los talleres en distintas prepas de UdeG.



6.Elige a un personaje.
Da clik sobre alguno de los escritores y accede a distinta información relacionada con los talleres, desde textos hasta imágenes.



7. Deja tus comentarios.
Cada uno de los textos tiene espacio para que incluyas un comentario.

13.4.09

Lo confieso: me salto páginas

2
El derecho a saltarse las páginas*

Leí Guerra y paz por primera vez a los doce o trece años (más bien trece, estaba en quinto y nada adelantado). Desde el comienzo de las vacaciones, las de verano, veía a mi hermano (el mismo de Vinieron las lluvias) enfrascado en una enorme novela, y su mirada se volvía tan lejana como la del explorador que desde hace muchísimo tiempo ha perdido la noción de su tierra natal.
— ¿Es muy bueno?
— ¡Formidable!
— ¿Qué explica?
— La historia de una chica que quiere a un tipo y se casa con un tercero.
Mi hermano siempre ha poseído el don de los resúmenes. Si los editores lo contrataran para redactar sus «contraportadas» (esas patéticas exhortaciones a leer que aparecen en el dorso de los libros), nos ahorraría muchísimos camelos.
— ¿Me lo prestas?
— Te lo doy.
Yo estudiaba interno, era un regalo inestimable. Dos grandes tomos que me mantendrían en calor durante todo el trimestre. Cinco años mayor que yo, mi hermano no era completamente idiota (y tampoco lo es ahora) sabía perfectamente que Guerra y paz, no podía ser reducido a una historia de amor por bien montada que estuviera. Sólo que conocía mi predilección por la pasiones sentimentales, y sabía excitar mi curiosidad con la formulación enigmática de sus resúmenes. (Un «pedagogo», en mi opinión). Creo que fue el misterio aritmético de su frase lo que me hizo cambiar temporalmente mis Bibliotheque verte, rouge et or, y demás Signes de piste para arrojarme a esa novela. «Una chica que quiere a un tipo y que se casa con un tercero»…, no veo cómo habría podido resistirme. En realidad, no me sentí decepcionado, aunque se hubiera equivocado en su cálculo. En la práctica, éramos cuatro los que amábamos a Natacha: el príncipe Andrés, aquel golfo de Anatole (pero ¿podía llamarse aquello amor?), Pedro Bezujov y yo. Como yo no tenía ninguna posibilidad, tuve que «identificarme» con los demás. (Pero no con Anatole, ¡un auténtico cerdo!)
Lectura mucho más deliciosa en la medida en que se desarrolló de noche, a la luz de la linterna de bolsillo, y debajo de mis mantas plantadas como una tienda en medio de un dormitorio de cincuenta soñadores, roncadores y demás patanes. La tienda del vigilante donde crepitaba la lamparilla estaba muy cerca, pero daba igual, en amor siempre es el todo por el todo. Todavía siento el grosor y el peso de aquello volúmenes en mis mano. Era la versión de bolsillo, con la cara de Audrey Hepburn que miraba a un principesco Mel Ferrer con los pesados párpados de un rapaz enamorado. Me salté tres cuartas parte del libro para interesarme únicamente por el corazón de Natacha. Me compadecí de Anatole, de todos modos, cuendo le amputaron la pierna, maldije al estúpido del príncipe Andrés por quedarse de pir delante de aquella bala de cañón, en la batalla de Borodino… («Pero échate, por Dios, échate al suelo, va a estallar, no puedes hacerle eso, ¡ella te ama!»)… Me interesé por el amor y por las batallas y me salté los asuntos de política y de estrategia… Como las teoría de Clausewitz quedaban muy por encima de mis entendederas, lo confieso me salté las teorías de Clausewitz… Seguí muy de cerca los sinsabores conyugales de Pedro Bezojuv y su mujer Helena («antipática», la encontraba realmente «antipática»…) y dejé a solas a Tolstoi disertando sobre los problemas agrarios de la Rusia eterna.
Me salté páginas, vaya.
Y todos los chiquillos deberían hacer lo mismo.
Mediante ello podrían regalarse muy pronto con casi todas las maravillas consideradas incaccesibles para su edad.
Si tienen ganas de leer Moby Dick pero se desaniman ante las disquisiciones de Melville sobre el material y las técnicas de caza de la ballena, no es preciso que renuncien a su lectura sino que se las salten, que salten por encima de esas páginas y persigan a Achab sin preocuparse del resto, ¡de la misma manera que él persigue a su blanca razón de vivir y de morir! Si quieren conocer a Iván, Dimitri, Aliocha Karamasov y su increíble padre, que abran y que lean Los hermanos Karamasov, es para ellos, aunque tengan que saltarse el testamento del starets Zósimo o la leyenda del Gran Inquisidor.
Un gran peligro les acecha sino deciden por sí mismos lo que éstá a su alcance saltándose las páginas que elijan: otros lo harán en su lugar. Se apoderarán de las grandes tijeras de la imbecilidad y cortarán todo lo que consideren demasiado «difícil» para ellos. Eso da unos resultados terribles. Moby Dick o Los miserables reducidos a unos resúmenes de 150 páginas, mutilados, destrozados, desmedrados, momificados, ¡reescritos para ellos en una lengua famélica que se supone que es la suya! Algo así como si yo me pusiera a dibujar de nuevo Guernica bajo el pretexto de que Picasso metió allí demasiados brochazos para un ojo de doce o trece años.
Y luego, incluso cuando somos «mayores», y aunque nos repugne confesarlo, también nos seguimos «saltando páginas», por unas razones que sólo nos conciernen a nosotros y al libro que leemos. También puede ser que nos lo prohibamos por completo, que leamos todo hasta la última palabra, estimando que aquí el autor se extiende demasiado, que aquí se permite un solo de flauta pasablemente gratuito, que en tal lugar cae en la repetición y en tal otro en la idiotez. Digamos lo que digamos, este testarudo aburrimiento que entonces nos imponemos no corresponde al orden del deber, es una categoría de nuestro placer de lector.

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¿Ustedes de qué libro se han saltado páginas?
Yo confieso —con repugnancia, como dice Pennac— que me salté del Amadis de Gaula. Lo teníamos que terminar para un exámen en la carrera, sin embargo, es una de las historias de caballería que con más placer recuerdo.

Espero sus comentarios en este espacio o la próxima semana en el taller.


1. TOLSTOI: autor de Guerra y Paz.



2. MELVILLE: autor de Moby Dick.


3. DOSTOYEVSKI: autor de Los hermanos Karamasov.



Bibliografía:

PENNAC, Daniel, Como una novela, Anagrama Colección Argumentos, España, 11ª ed., 2006, 148-151 pp.

* La reproducción es usada para fines didácticos y su contenido es propiedad de su autor.